Por: A.Burnett.
Más
apropiado sería llamar a la ruta de la seda la ruta de las especias
porque quizá este comercio fue más intenso y apasionante para la
civilización occidental. Por ellas, las especias, se provocaron
guerras, se enriquecieron familias, condicionaron parte de la política
y alegraron las mesas de los europeos.
Muchas
fueron las especias que llegaron al viejo continente, algunas
prevalecieron y otras fueron totalmente olvidadas, llegaban en forma de
grano, de hojas o de hierbas, todas, con sus aromas, fascinaron la
imaginación de unos europeos que renacían a la cultura. Sus olores hacían
volar la imaginación de nuevos mundos llenos de exotismo y de aventura,
nebulosas de leyenda, cuentos e historia se mezclaban hasta configurar
la fiebre por conseguir enriquecerse con el otro 'Dorado'. Políticos,
burgueses y aventureros soñaban con barcos llenos de esta mercancía más
valiosa que el oro, hasta Colón intentó llegar a la India por otro
camino, evitando así el acoso de los barcos portugueses, con la suerte
de encontrar en medio de su recorrido con el maravilloso continente de
América.
Con el
tiempo se forjaron historias que casi rozaban la leyenda, como las de
Simbad el marino, Marco Polo y tantos otros, que dejaron asombradas a
generaciones enteras. Historias para ser contadas al calor de la lumbre
en las noches estrelladas o de invierno, pero que hacían que el sueño
llegara antes que el dormirse y donde osados hombres empeñaban todo lo
que tenían para conseguir un barco con el que adentrarse en ese mundo
tan fascinante como era el lejano oriente, unos tuvieron suerte y
volvieron con sus barcos llenos de especias, otros murieron atacados por
los bandidos o ahogados al zozobrar sus embarcaciones, pero todos
viviendo el maravilloso sueño de la aventura y de la riqueza.
Leyendas
que ya son historia o historias que con el tiempo se convirtieron en
leyendas, que más da, lo importante es que están ahí para ser
contadas de nuevo, como por ejemplo la historia de la pimienta.
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Se cuenta
que un indio perdido en el golfo Pérsico, quizá por un naufragio, fue
llevado a Alejandría, este hombre no sabía el griego, idioma que en
aquella época se hablaba en aquel lugar, pero tras tres días de
ayuno y abstinencia aprendió el idioma. Este hombre enseñó a sus
habitantes la ruta comercial de la India. En aquellos días estaba en la
ciudad un tal Eudoxo de Cícico que con su nave se unió a la expedición,
algo parecido a la fiebre del oro de Estados Unidos en el siglo XIX, y
partieron todos hacia la India, a la vuelta su barco vino cargado de
piedras preciosas, de azafrán, de clavo, de jengibre y de pimienta
negra. Este hombre, Eudoxo, fue supuestamente el primer europeo que
probo y comercializó la pimienta.
La
palabra pimienta procede del latín pigmentum, cuyo significado es
colorante de materia orgánica y los romanos la empezaron a utilizar en
Egipto como droga afrodisíaca en primer lugar y posteriormente como
condimento, es curioso leer textos latinos que hablan del calor que
produce y la sensación de voluptuosidad que da al cuerpo esta especia.
También en la edad media se habla como estimulante sexual de éste
grano, hay una historia de como la monja doña Garoza le prepara al
arcipreste Juan Ruiz alimentos y como el ya conoce como conforta y
calienta el cuerpo el pequeño grano de la pimienta, contado en su elogío
de las duennas chicas.
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La
introducción de la pimienta desplazó el silfión que se utilizaba en
Grecia, una hierba amarga, que como condimento deja mucho que desear y
ya olvidado su uso.
Pero fue
en la época bizantina cuando cobró especial importancia esta semilla
importada por los alejandrinos a éste país, los cuales la
comercializaron con los venecianos y fue en el año 1.222 cuando la
pimienta estuvo a punto de cambiar la historia del Mediterráneo cuando
el dogo Pietro Zanni propuso a los venecianos trasladar la capitalidad a
Constantinopla, en aquella época en poder de los cruzados, para poder
monopolizar el comercio de la pimienta, la propuesta fue denegada en
votación por un sólo voto. ¿ Como habría sido la historia si ese
voto se hubiera decantado por trasladar la capital a Turquía?,
curiosidades como estas nos hacen meditar sobre la precariedad de
nuestra civilización.
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La canela fue otro
producto básico en el comercio, se sabe que entró en Europa por
Alejandría, nudo clave en la ruta del comercio con oriente, se
utilizaba para varios usos, en la Biblia se habla de Esther que se
enamoró del rey Asuero y que la utilizaba como cosmético, también era
usada para perfumar el vino y como no, también, y hasta la actualidad,
como un elemento importante y casi indispensable de la repostería.
La canela fue usada,
chupando sus palitos o en infusión como estimulante y como afrodisíaco,
todas las especias tuvieron esa finalidad y no fue hasta algo más tarde
cuando la dio a conocer en polvo Bizancio. Los Templarios la
utilizaban para casi todo los alimentos, para condimentar el pescado, la
carne, todo.
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El
jengibre se consumía en polvo y es un ingrediente esencial en la
elaboración del pan de especias bizantino, pero su uso más peculiar
fue en Venecia y en la Borgoña se utilizaba para curar a las gentes de
estómago frío, historia esta hilarante para mi por como se hacía: A
los duques de Borgoña después de comer les entraban frialdad de estómago
y temblor de piernas y entonces para remediarlo tomaban más de un litro
de vino hirviendo con jengibre con lo que se recomponían y sonrosaban,
suponemos que también quedarían tirados en el suelo borrachos.
También
se usó el vinagre de jengibre para aliñar las ensaladas y para,
mezclado con agua, como refresco al final de las cabalgadas, en realidad
como tónico.
El clavo
procedente de la isla de Java fue usado en principio como
medicina, de hecho aún hoy se usa para curar orzuelos y sabañones y
también para preparar escabeches junto con el laurel y como condimento
para las carnes, recuerdo los estofados de mi madre condimentados con
esta especia, con nuez moscada y con ramitas de canela como algo
delicioso.
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La nuez
moscada, fruto del árbol muscata, se utilizaba en los monasterios
budistas para aromatizar el agua fresca. Tuvo gran éxito en Bizancio,
en la cocina de Toscana y en la Roma del renacimiento. El Cesar
Valentino la usaba sin cesar molida pidiéndola a Venecia con correos y
dejando oro para los nuevos pedidos, se cuenta que este hombre murió en
Navarra y su gran herida darían nombre al aroma moscado.
Quedan aún
muchas otras plantas y semillas como son el estragón originario de
Siberia, la escalonia, el tomillo, la salvia, el cilantro, el laurel, la
mostaza, el romero, y un largo etcétera.
Pero no
queremos despedirnos sin un recuerdo a la especia humilde, la que dio
sabor a las mesas de los pobres en la edad media, la denostada y casi
olvidada como tal, nos referimos al perejil de origen macedonio o, yo
los incluyo como especias, el ajo y la cebolla, o el hinojo, todos
venidos de oriente para hacernos sentir la cocina como algo nuestro, el
sello de cada casa, de cada restaurante, de cada cocinero, nada más
bello que tomar un alimento, cerrar los ojos y que nos lleve a nuestra
niñez o a algún recuerdo bello de nuestras vidas... al calor de los
sueños perdidos.
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